Descubrimos que nuestro futuro no estaba en una institución mental y decidimos escapar para convertirnos en asesinos seriales de malas ideas. Nos va muy bien desde que tomamos la iniciativa, aprendimos a moldear nuestros oscuros pensamientos y a sacarle provecho a la espontaneidad, la pasión y el arte detrás de estos, lo que nos ha ayudado en nuestros diagnósticos y es mejor visto por nuestras madres. Ahora utilizamos nuestra astucia para crear estrategias creativas y persuasivas que ayudan a las marcas a cumplir cada uno de sus objetivos.

Siendo sinceros, tal vez aun no estemos listos para participar activamente como individuos dentro de una sociedad llena de tantas reglas para nosotros, pero encontramos una salida que nos resulta excitante y poderosa: enseñarle a empresas ambiciosas el arte de la persuasión, y orientarlas para que puedan adueñarse de la mente de su público logrando una conveniente posición dentro de sus ideas y al mismo tiempo intimidar inteligentemente a su competencia.